Desigualdad vs crecimiento económico

El fenómeno de la desigualdad se puso de moda recientemente en el nivel académico y también en los círculos de economistas, dimensionándolo en contextos políticos

Fuente: eleconomista.com.mx

Por Sergio Mota

El Fondo Monetario Internacional (FMI) abordó la cuestión estudiando y midiendo su influencia en el crecimiento económico. Durante la segunda mitad de junio, publicó los resultados, mismos que son relevantes y pioneros de otros estudios. Aclaran muchas ideas manejadas hasta ahora sólo en el nivel especulativo, pero sin los soportes cuantitativos suficientes.

Una conclusión fundamental es que cuanto más concentrada está la riqueza, menor es el crecimiento económico. La desigualdad reduce las expectativas de crecimiento, no ofrece incentivos suficientes a la formación educativa y por tanto, a la productividad.

La pregunta que surge al observar lo dañina que es la desigualdad es: ¿por qué los partidos políticos no la abordan políticamente?

El FMI en sus cálculos establece que si 20% de la población más beneficiada de un país aumenta en un punto porcentual los ingresos que acumula, el incremento del PIB de ese país es 0.08% más bajo en los cinco años siguientes. Por el lado contrario, cuando 20% más bajo gana un punto en los ingresos de ese país, el crecimiento del PIB es 0.38% mayor.

Esta relación también persiste si en vez de observar ese 20% se hace con los segundos y terceros quintiles de la escala social, esto es la clase media. Por ello ha adquirido un valor en las intenciones políticas. No es de extrañarse que en los países nórdicos, principalmente, así como en el resto de las naciones europeas, exista un culto a la clase media. El presidente Obama lo ha reconocido diciendo que es “el reto que caracteriza a nuestro tiempo”.

Asociado al fenómeno de la desigualdad, está el de la pobreza, que es objeto principal de atención de las políticas públicas para aliviar a la población que la padece.

La desigualdad excesiva es un riesgo para la convivencia social, porque hace evidente la diferenciación que destruye la cohesión social, base de una nación. También reduce la movilidad social. El escenario que ofrecen zonas de las ciudades que tienen grandes diferencias de ingresos contribuye a la fragmentación. El concepto de ciudadanía y bienestar común se erosiona.

También afecta la productividad y el progreso. Puede conducir a invertir menos en educación, porque los niños pobres tienen menos posibilidades de ir a la universidad. Una vez leí un grafiti en Bogotá que decía: “Educar a los ricos es innecesario, educar a los pobres es peligroso”.

Si la inversión en capital humano es uno de los hilos que tejen la telaraña del desarrollo, la desigualdad la vulnera.

La tecnología también tiene su cuota ambivalente. Por un lado eleva la productividad, beneficiando a los trabajadores calificados, pero por otra ha destruido puestos de trabajo de baja formación.

La desigualdad demanda una mayor discusión política. Por ello es comprensible que los sindicatos estadounidenses se opusieran a la iniciativa del presidente Obama de promover una zona de libre comercio para el Pacífico (TPA, por su sigla en inglés), por su efecto en la reducción salarial. Paradójicamente, miembros importantes de su partido se opusieron y el Partido Republicano lo apoyó. Es un ejemplo de los efectos en la pobreza y la desigualdad de las decisiones políticas

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