Carta a Banxico, SHCP y Sheinbaum

ASOCIACIÓN NACIONAL DE EMPRESARIOS INDEPENDIENTES, A.C.

PROVOCAMOS EL CAMBIO

Monterrey, N.L., a 5 de mayo de 2026

Dra. Victoria Rodríguez Ceja

Gobernadora del Banco de México

Mtro. Édgar Amador Zamora

Secretario de Hacienda y Crédito Público

Dra. Claudia Sheinbaum Pardo

Presidenta Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos

Estimados funcionarios:

Suscribimos esta carta en nombre y representación de cientos de miles de productores y empresarios independientes, con preocupación creciente ante la indiferencia que tanto el Banco de México como la Secretaría de Hacienda muestran frente a la persistente, injustificada y dañina apreciación del peso mexicano respecto del dólar estadounidense y, por consecuencia, frente a las principales monedas de los países con los que comerciamos.

Resulta evidente que dicha apreciación no obedece a factores económicos reales, sino a la política monetaria y cambiaria que el Banco aplica con la coordinación de la Secretaría de Hacienda. Igualmente claro es que la apreciación aleja al tipo de cambio de mercado del tipo de cambio sustentable de largo plazo —o de equilibrio—, lo que incrementa los riesgos de una devaluación súbita, como las experimentadas en distintas ocasiones de nuestra historia, acentúa los desequilibrios de precios internos y causa graves daños a las actividades productivas y a las finanzas públicas nacionales.

El desdén del Banco Central y de la Secretaría de Hacienda frente a este nocivo fenómeno —generado por las propias políticas monetaria y cambiaria— acentúa la inquietud de quienes participamos en actividades productivas en el país, ante la ausencia de planteamientos oficiales que manifiesten interés por evitar mayores desequilibrios y por corregir ordenadamente el actual.

Ni siquiera la erosión total del capital contable del Banco de México —que, conforme a su balance al cierre de 2025, registró un capital contable negativo cercano a los 320 mil millones de pesos, como consecuencia de pérdidas de operación por aproximadamente 410 mil millones de pesos en el ejercicio, las cuales además dejaron al gobierno federal sin remanente de operación por segundo año consecutivo— ha motivado una reflexión urgente sobre la necesidad de apartarse de los dogmas monetaristas que rigen estas políticas, ni ha originado acciones de política pública orientadas a eliminar o reducir los efectos cambiarios de la actual política monetaria antiinflacionaria, basada en mantener tasas de interés extremadamente altas, con diferenciales históricamente superiores a los sostenidos por la Reserva Federal estadounidense.

La rigidez teórica de la Junta de Gobierno del Banco Central impide el análisis sereno y pragmático de opciones que permitan mantener una política monetaria restrictiva para combatir la inflación, sin generar los desequilibrios cambiarios mencionados ni afectar tan gravemente a la planta productiva nacional, hoy aprisionada por la apreciación cambiaria así generada.

No sólo el sector productivo ha sufrido las consecuencias de estas políticas. Han generado, además, desequilibrios estructurales cuya responsabilidad corresponde a sus encargos:

1. La tendencia a desindustrializar la economía se acelera, pues se ha privilegiado históricamente a las importaciones sobre la producción nacional al utilizar el tipo de cambio para contener los precios de los bienes sujetos a competencia, sin afectar los precios de los oligopolios. El sector competitivo deja de ser rentable, mientras los oligopolios protegidos incrementan su rentabilidad.

2. Se desincentiva la inversión competitiva, tanto por lo anterior como por los persistentemente altos costos de financiamiento. La baja tasa de inversión nacional obedece, en buena medida, a estos factores.

3. Se mantiene una baja inversión por empleo, lo que impide aumentar la productividad de la mano de obra y, en consecuencia, los salarios promedio.

4. Se lastra la productividad nacional al concentrarse la inversión en sectores protegidos, de baja productividad relativa frente a la manufactura.

5. Impide el restablecimiento de las cadenas productivas nacionales y motiva el abandono de la inversión en las actividades primarias, como la agricultura.

Esta apreciación equivale al establecimiento de un enorme impuesto especial a las actividades productivas, con efectos negativos más severos que los que tendría duplicar el impuesto sobre la renta —pero sin que el fisco se beneficie de mayores ingresos—, lesionando severamente la rentabilidad de las operaciones productivas nacionales, tanto públicas como privadas.

Salvo las empresas enclavadas en los numerosos sectores protegidos de la competencia, quienes suscribimos esta carta —empresarios fuera de actividades oligopólicas y sin representación en los organismos cúpula— manifestamos que la permanencia de la situación actual, sin medidas que eviten el castigo a nuestras actividades, origina un desincentivo a producir en México y un incentivo a importar, lo cual reduce la propensión a invertir y a emplear. Este efecto, aunque diferido, es gradual y cada vez más grave: reducirá aún más la ya baja tasa de inversión nacional y aumentará la dependencia de nuestras exportaciones y de nuestro consumo respecto de insumos importados, desintegrando aún más las cadenas productivas.

Con esta marcada apreciación cambiaria —evidente para quienes producimos competitivamente y demostrable a través del diferencial de precios internos, manifiesto en la caída de los precios de los productos sujetos a competencia internacional y en el alza de los precios del gobierno y de los oligopolios con poder de mercado y de los salarios—, las inversiones planeadas por extranjeros bajo la tendencia conocida como nearshoring se están materializando con el menor contenido nacional y la mayor proporción posible de importaciones, lo cual amenaza con dar lugar a un nuevo ciclo maquilador de largo plazo.

Es preciso señalar que los productores nacionales más afectados por este grave desequilibrio cambiario y financiero son quienes se dedican a actividades primarias —agricultura, ganadería y pesca—, debido a que sus insumos son principalmente nacionales y su financiamiento se contrata en moneda nacional. En seguida figuran las actividades con mayor integración nacional dedicadas a producir bienes comerciables internacionalmente. Las exportadoras de manufactura también resultan gravemente afectadas, aunque buscarán incrementar la ya elevada proporción de importaciones y su financiamiento en moneda extranjera, estrategias inconvenientes para el desarrollo nacional y la creación de empleos.

Debido al dogma monetarista predicado e implantado en los últimos cuarenta años —que no ha sido modificado en este régimen—, la ausencia de análisis económico y de discusión pública sobre este importante tema resulta lamentable y muy desalentadora para la inversión. Ni las organizaciones profesionales, ni las universidades, ni los organismos empresariales, y mucho menos los integrantes de la Junta de Gobierno de Banxico o los funcionarios financieros federales, se atreven a mencionar a este “elefante en medio de la sala”, ni a cuestionar —y mucho menos a sugerir— medidas que permitan sostener una política monetaria antiinflacionaria sin causar graves desequilibrios cambiarios.

Existen opciones teóricas y prácticas que otros países han aplicado en circunstancias similares. Todas presentan desventajas, pero posiblemente con costos inferiores a los del “dejar hacer, dejar pasar” sostenido por Banxico y por las autoridades financieras. Entre ellas podrían considerarse:

a) Establecer un impuesto de igualación de tasas de interés a los capitales foráneos, similar al aplicado por Estados Unidos durante la era Volcker.

b) Diseñar y operar un sistema similar al FICORCA, orientado a habilitar a las empresas para congelar el tipo de cambio sobrevaluado actual y cubrir sus pasivos en el exterior.

c) Reducir la flexibilidad absoluta de la cuenta de capitales para evitar el “carry trade”, la entrada de capitales especulativos y las operaciones financieras con nuestra moneda en bolsas extranjeras, que en nada benefician al país.

d) Eliminar la acumulación de utilidades contables derivadas de cambios en el valor de los pasivos extranjeros, difiriendo su reconocimiento hasta que se realicen efectivamente al momento del pago de dichos pasivos.

Estas son ideas que ustedes tienen la obligación y la responsabilidad de analizar, así como de aplicar las que consideren adecuadas. Lo que no pueden seguir haciendo es ignorar el enorme problema que representa el fenómeno cambiario mencionado y sus perniciosos efectos sobre la economía productiva nacional.

De continuar su lamentable inacción, podemos asegurarles que las metas de inversión, crecimiento y reducción de la dependencia de las importaciones asiáticas para proteger el T-MEC, así como las metas del gobierno federal establecidas en el Plan México, no serán alcanzadas, y se garantizará el fracaso de este gobierno en la búsqueda del bienestar a través del empleo y la inversión.

Les solicitamos, atenta pero firmemente, que piensen fuera de los dogmas experimentados e internalizados y que, de ser necesario, se asesoren con expertos en la materia que tengan la flexibilidad para reconocer la existencia del problema y para identificar acciones de política viables que permitan su mitigación.

Negar ambas cosas resulta demasiado costoso para México.

Atentamente,

ANEI

Asociación Nacional de Empresarios Independientes, A.C.

Ing. Norberto Zavala

Presidente

Mtro. Fernando Turner Dávila

Fundador y Ex-Presidente

C.P. Artemio Garza

Consejero

C.P. José Garza Montemayor

Consejero

Lic. Fernando Canales Stelzer

Consejero

Ing. Fernando Luna

Consejero y Ex-Presidente

Lic. José DeNigris Felán

Consejero

Araceli W. Ching

Consejera

Ing. Francisco Chapa Góngora

Consejero

Tania Partida

Consejera