1ª generación de empresarios. Tan diferente a las 2as, 3as y 4as.

Por Plácido Garza:

Comenzó a trabajar a los 15 años y a los 22 formó su primera empresa. Cuando consiguió su primer empleo no le pagaban, porque de lo que se trataba era de darse a conocer en el ambiente empresarial.

En la entonces UR –Universidad Regiomontana, hoy UERRE, al mando de su presidente Dionisio Garza Sada y de su rector, Angel Casán Marcos– cursó la carrera de Contador Público y al mismo tiempo se puso a jalar, aprovechando todos los huecos que había en su horario académico.

Les platico: cuando comenzó a dar clases de inglés y a ganar dinero, antes de pensar en comprarse esto o lo otro, decidió usar esa lana para pagarse sus estudios. Resistió la tentación de la compradera y empezó a ahorrar.

Aunque sus papás le daban oportunidad de pagarle sus estudios, él decidió encargarse de eso y así forjó un espíritu emprendedor que hoy lo tiene posicionado como el concretero más grande de todo México.

En una conversación que tuve con él me decía que, al principio, los grandes productores de cemento y concreto del país ni lo tomaban en cuenta.
Hasta que llegó un día en que él y uno de los gigantes mundiales de esa industria se disputaron el contrato para construir un edificio muy grande.

El mero mero de la cementera con quien competía no podía creer el tamaño que la empresa de Fernando –se apellida Luna– había adquirido para competir en un proyecto de tal calado.

Y para resolver ese negocio le dijo a su competidor: «Mira, yo me voy a encargar de construir ese edificio y a cambio te voy a comprar a ti todo el cemento y no a tus competidores. ¿Cómo ves?». Y ahí empezó a consolidarse el ascenso de su empresa.

Su visión lo lleva a ocuparse hoy en día por algo más que el desarrollo de sus negocios, que abarcan el aprovisionamiento a la industria minera, comedores industriales y otras ramas.

Tiene la esperanza de que el nuevo gobierno de López Obrador entienda que el desarrollo social que tanto quiere el Presidente sólo se va a lograr mediante la evolución de nuestra economía.

Y él contempla los siguientes ejes para que tal cosa suceda:

1.- Política fiscal. El gobierno está gastando en obra pública, servicios, ejército, pago de pensiones a jubilados del sistema gubernamental, fondos de ahorro, y muy preocupantemente en gasto corriente, entre el 27% y 28% del PIB, cuando debería destinar a ese rubro no más de un 20 por ciento.

2.- Política comercial. Tiene dos vertientes: el comercio interior, que está plagado de monopolios y oligopolios y por el lado del comercio exterior estamos totalmente abiertos a la llegada de cualquier tipo de productos del extranjero, lo cual provoca que para producir nacionalmente estamos por encima de los precios internacionales y, por ende, sufrimos una competencia desleal de productores de países como China y Corea –entre muchos otros–, donde se pagan impuestos mucho más bajos que en México.

3.- Política monetaria. Las tasas de interés se mantienen muy altas para tratar de frenar la inflación, que supuestamente la produce el exceso de demanda, pero que realmente la causan los monopolios que operan a mansalva en todos los ámbitos de la industria y el comercio nacionales. Entonces, para detener los aumentos de precios o contrarrestar los precios de los oligopolios, el gobierno enfría la economía a todos los demás.

4.- Política cambiaria. El gobierno insiste en mantener el peso sobrevaluado, también como consecuencia de las altas tasas de interés y de la gran cantidad de capitales «golondrinos» que entran coyunturalmente a México, atraídos por los altos réditos que pagan los bancos y la Bolsa de Valores. Sin embargo, ese dinero extranjero no se está usando en la producción, porque sus dueños, con un click lo sacan de México y se lo llevan a otros países donde les paguen tasas más altas. Consecuentemente, el problema es triple, porque, se fortalece el peso y con ello se vuelve menos competitivo exportar y se infla la cuenta de capitales, que al salir del país provocan crisis, cinco de las cuales han ocurrido en México en los últimos 30 años.

Fernando está metido de lleno en un esfuerzo que busca darle voz a esos siete u ocho millones de pequeños empresarios, que no encuentran eco en las grandes y tradicionales cámaras y organizaciones cupulares de la IP.

Encabeza desde hace poco un movimiento que pretende llenar uno de los vacíos más preocupantes que la visión de corto plazo de muchos grandes empresarios ha creado: representar dentro de las siglas de la Asociación de Empresarios Independientes a los que con su esfuerzo diario mueven el 75% de la economía nacional: los micros, minis y pequeños empresarios que hoy buscan cómo hacerle para que el gobierno entienda que el rumbo para el crecimiento social y el abatimiento de la pobreza en México sólo se va a lograr mediante el desarrollo sostenido de tres factores: educación, ciencia y tecnología, rubros que deben estar dentro de las prioridades de cualquier nación, digo, si es que realmente se quiere llegar estar a la altura de los grandes jugadores del mundo.

CAJÓN DE SASTRE
«Que a Fernando le vaya bien en su intentona, porque si así sucede, les ira muy bien a las Pymes y mucho mejor a quienes vivimos en este país y que no nos pensamos ir a ningún otro lado», dice mi Gaby.